Editorial

Patrimonio en Tarapacá… ¿quién lo protege?

Pareciera ser que fines de mayo se convierte en una fecha especial para conmemorar el Día de los Patrimonios. Cada institución, pública o privada, abre sus puertas para que la ciudadanía disfrute y se reencuentre, por dos días, con la historia y la cultura que forman parte de nuestra identidad.

Sin embargo, aunque cada año se genera un despliegue comunicacional con invitaciones a actividades y eventos por doquier, al término de esta jornada de 48 horas, el Patrimonio vuelve a ser olvidado.

Y ello no es casual. Cada vez vemos con mayor preocupación una falta de interés genuino por procurar proteger, cuidar y poner en valor nuestro patrimonio, considerando que Tarapacá es una de las pocas –o quizás la única- que contiene un abanico de hechos y espacios históricos de larga data, que van desde la época prehispánica con un arte rupestre único e incomparable, hasta la gran industria salitrera de principios del siglo pasado. Además de una cultura viva, que nos regala tradiciones, costumbres y lugares genuinos de los pueblos originarios aymara y quechua.

Hoy existen diversos lugares de nuestra región que están desprotegidos, a la mano de personas y empresas inconscientes que destruyen todo a su paso. Tal es el caso de la zona de Negreiros, donde se evidencia una razzia del patrimonio cultural vinculado a las ex salitreras, tal cual como ocurrió con el ex pueblo La Noria y otras oficinas de los distintos cantones salitreros de antaño.

Similar situación ocurre en el sitio Ariquilda, donde vehículos mineros han destruido aquellas figuras colosales que nos hablan de una cultura que se comunicaba entre la tierra y el cielo. O el caso de la quebrada de Aroma, donde muchos petroglifos evidencian serios daños en las rocas que los cobijaron por miles de años.

Un caso particular es el Gigante de Tarapacá de Cerro Unita, donde un fallido proyecto ha dejado en el más absoluto abandono al símbolo icónico de nuestra región por más de una década, sin que nadie asuma la importancia que representa Tunupa para la identidad regional.

Así, hay muchos otros lugares que –como diría un abuelo- están “dejados de la mano de Dios” . Llama la atención que esta desafección por lo “nuestro” sea tan profunda y abismante; y que muchos piensen y crean que con realizar actividades por dos días se reivindica la protección del Patrimonio de Tarapacá.

Pero lo más preocupante es el discurso ecléctico de las autoridades regionales y municipales, quienes pese a tener las facultades y recursos para gestionar proyectos de protección y puesta en valor del patrimonio, prefieren “mirar para el lado” y no hacerse cargo de propiciar un plan de gestión que permita “valorar lo nuestro” y otorgarles el sitial que les corresponde.

Lo mismo ocurre con el Consejo de Monumentos Nacionales, cuyo accionar dista mucho de lo que la comunidad espera en cuanto al cuidado y protección de nuestros monumentos nacionales, más aún teniendo como herramienta la ley 17.288 que les permite ejercer acciones legales y sanciones a quienes atenten contra el patrimonio.

Ojalá que esta nueva conmemoración del “Día de los Patrimonios” sea el inicio de un cambio en la forma cómo vemos nuestra historia y cultura. El Patrimonio no es un objeto que se extrae del baúl de los recuerdos en una fecha en particular del año, sino que es parte de nuestra identidad, el ADN que nos define como comunidad y territorio; porque no hay que olvidar que “un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro”.

 

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