Río Lijiang, paraíso de los paisajes kársticos

Todo río tiene una belleza particular, a la hora de navegar por sus aguas.
Sin embargo, el Río Lijiang de la República Popular China destaca no sólo por su belleza, sino porque representa el paraíso de los paisajes kársticos.
Conocido como el Río Li, es un afluente de la cuenca del Río de las Perlas, configurando el paisaje de la región autónoma de Guangxi, con una longitud de 437 kilómetros y una cuenca de 19.025 kilómetros cuadrados.
Si bien su origen está en las montañas Mao’er, en el condado de Xing’an, es precisamente a partir de la ciudad de Guilin, capital de la región de Guangxi, donde se configura el paraíso de los paisajes kársticos.
Sólo basta tomar un barco turístico en el muelle de Guilin, para iniciar la odisea por las aguas serpenteantes del Río Li; observando en ambas orillas cómo el paisaje comienza, poco a poco, a construirse con verdes colinas que comienzan a transformarse en impresionantes formaciones kársticas… una suerte de murallones que flanquean el curso del río.
Estas llamativas formaciones, que a lo largo del río suman 157 colinas rocosas, son elevaciones geográficas formadas por la erosión y disolución de rocas solubles, como la caliza, dolomía o yeso, por la acción del agua.
Es por ello que un viaje por el río resulta no sólo placentero, sino más bien un periplo fascinante de casi tres horas para observar la magia de la naturaleza.
Así, cada cierto tramo, el paisaje se transforma, y desde el barco se puede admirar cómo van surgiendo en estas colinas kársticas nuevos parajes, como pequeñas cataratas que brotan desde un punto medio de una colina, cuevas como la Flauta de Caña (con un gran número de estalactitas y estalagmitas y cortinas de rocas), dolinas (depresiones circulares) y puentes naturales.
Además de formaciones de relieve únicas, como la Colina de la Trompa de Elefante, que es el símbolo de la ciudad de Guilin. O la Colina de la Pintura de Nueve Caballos, una formación natural de 400 metros de altura y 200 metros de ancho, donde en la pared del acantilado se observan nueve caballos en diferentes posturas… una pintura hecha por la naturaleza.
Es este escenario natural de sobrecogedora belleza lo que llevó a que la Zona Pintoresca del Río Lijiang en Guilin fuera inscrita en la lista indicativa de China para Patrimonio de la Humanidad, en la categoría de bien natural, el 12 de febrero de 1996.
Pero en este inusual paraje kárstico también existen innumerables reliquias culturales; entre ellas, más de dos mil esculturas de piedras, el canal Lingqu de la dinastía Qin, el paso Guyanguan de los periodos Qin y Han; y la Ciudad Imperial de las dinastías Ming y Qing.
Al navegar el río, resulta llamativo como parte del paisaje ver las tradiciones culturales de la zona: pobladores que se trasladan en pequeñas barcazas de un punto a otro, pescadores que en sus pequeños botes navegan por el río utilizando cormoranes para realizar sus capturas y agricultores que en sus balsas de bambú trasladan sus productos agrícolas, que son entregados en los barcos turísticos para la preparación del menú destinado a los turistas.
Y mientras admiramos embelesados el paisaje, llega la hora para disfrutar de la gastronomía de la zona en el salón del barco turístico. A pesar de la exquisita comida, la hora de almuerzo sólo dura un instante, para subir nuevamente a la terraza superior de la nave y continuar apreciando aquel paisaje que, cada cierto rato, nos regala una suave brisa en el rostro para descubrir nuevas bellezas naturales en cada colina.
A medida que el barco avanza por las aguas del Río Li, a lo lejos se observa el bullicio propio de una urbe. Lentamente, el barco comienza a orillarse, para atracar en el muelle de la ciudad de Yangshuo, un pintoresco lugar y que es el destino turístico por excelencia de la provincia de Guangxi, y del que le contaremos en el próximo capítulo de Trazos Urbanos.



