Editorial

Chile, un país de contrastes y contradicciones

Hemos vuelto, después de un largo silencio, tras analizar un tema que siendo complejo, resulta necesariamente paradójico a la hora de entrever lo que pasa en el devenir de nuestro país.

Chile es conocido por ser una larga y angosta franja de tierra, con una diversidad de paisajes y culturas, que se traduce en un país de contrastes, que –por cierto- resulta ser un atributo a los ojos del mundo.

Sin embargo, este contraste tanto en la fisonomía geográfica como en lo cultural y social, ha devengado en un nudo de contradicciones que como país nos coloca en una delgada línea de lo que aspiramos a ser como sociedad.

De ahí, surge la pregunta: ¿Qué es lo que realmente somos como país, como sociedad, como comunidad?

De un tiempo a esta parte, son varias las situaciones -y conductas humanas- que denotan la ausencia de una mirada clara, concreta y certera sobre cómo debemos actuar, tanto en lo cotidiano como en momentos críticos, que ponen a prueba la forma cómo entendemos y abordamos nuestra realidad.

A propósito del Día de los Patrimonios, tenemos una paradoja de la contradicción.

Hemos visto cómo la ciudadanía en cada región se ha volcado durante este fin de semana a visitar innumerables lugares históricos y patrimoniales, que nos hablan de la génesis de nuestra historia como sociedad, de cómo el país fue construyendo sus cimientos, siglo tras siglo, para que hoy podamos admirar aquellos monumentos que nos permitan entender lo que somos.

Sin embargo, luego de esta fecha tan memorable, pareciera ser que la memoria cae nuevamente en el olvido y volvemos a lo habitual, olvidando la riqueza que representan estos lugares, no haciéndolos parte de nuestra cotidianeidad, salvo aquellos que se encuentran bajo la administración de un organismo privado o público.

Pero el resto de los monumentos o patrimonio cultural quedan en el más absoluto olvido, sin ninguna protección eficaz que permita conservarlos y protegerlos del vandalismo y la destrucción por quienes no valoran lo propio.

Entonces, ensalzamos aquello que nos identifica, porque hay una fecha en el calendario que lo indica, pero luego lo olvidamos, lisa y llanamente, porque ya no es relevante para el resto del año.

Sería interesante que existiera una “política pública” que permitiera y facilitara regocijarnos con el patrimonio durante todo el año, donde la comunidad vuelque su interés en entender estos espacios de historia patrimonial, los contextos en que fueron creados y así vivirlos día a día, como parte del territorio que habitamos. Sin duda, hay mucho por hacer aún.

Lo del patrimonio es sólo un ejemplo. Hay otras situaciones que denotan esta paradoja de la contradicción como sociedad, como en lo político, social, salud y desarrollo económico, entre otras tantas aristas que definen nuestro devenir como nación.

Es tiempo de empezar a mirar la cotidianeidad con otros ojos. Quizás, sacarnos la venda que no nos permite apreciar la verdadera realidad de las cosas que ocurren a diario; y tal vez prestar más atención a los detalles, a lo que nos evoca el vivir en un territorio que, pese a los contrastes y diferencias, constituyen un crisol de riqueza cultural que vale la pena disfrutarlo como parte de nuestra identidad como país.

 

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