Cerro Unita, complejo del desarrollo agrícola en Tarapacá

En viaje por la ruta Panamericana hacia el norte, y entroncando con el camino a Colchane, el desierto se despliega en toda su magnitud, una planicie que se desdibuja con un cerro solitario, conocido como el Cerro Unita, donde se impone la figura del Gigante de Tarapacá.
Este cerro único y aislado en la pampa es, para Luis Pérez, arqueólogo, paleontólogo y director del Museo Regional de Iquique, uno de los sitios relevantes del territorio regional.
Aun cuando su nombre surge de la Expedición Astronómica de la Marina Norteamericana al Hemisferio Sur, la leyenda de la comunidad indígena de Huarasiña denomina a este lugar como Cerro El Toro, porque en el lugar bramaba un toro, razón por la que los lugareños no pasaban cerca del cerro, porque era poderoso y sagrado.
No obstante, para el arqueólogo, lo fundamental es que este sitio arqueológico está asociado al sector denominado Pampa Iluga, donde se despliegan alrededor de 6 mil hectáreas de cultivos prehispánicos, cuya data es de 4 mil años antes del presente aproximadamente; y que corresponde al periodo formativo aldeano.
“El Cerro Unita está emplazado en un complejo arqueológico que está constituido por distintos sitios arqueológicos; donde se despliegan otros geoglifos que están relacionados al Cerro Unita; y cuyo eje central está orientado a la producción agrícola en el área de la desembocadura del río Tarapacá”.
Gigante
Aun cuando el Cerro Unita se vincula a un área de desarrollo agroproductivo, su principal ícono es la figura del Gigante de Tarapacá. Con 86 metros de largo, esta figura monumental es considerado el geoglifo antropomorfo (con forma humana) más grande de Sudamérica.
Para Luis Pérez, esta figura está asociada a un momento de cambio cultural, donde surge la agricultura, alfarería y domesticación de animales. Por lo tanto, está íntimamente asociado al desarrollo civilizatorio de los pueblos andinos.
“El Gigante de Tarapacá surge en el periodo formativo, cuando los grupos humanos que habitaban el desierto logran el desarrollo de la cerámica; y junto con ello tener agua disponible. También desarrollan una pequeña agricultura y la domesticación de animales como el guanaco y vicuña, que dan paso a la llama y alpaca. Por lo tanto, la vida se hace más llevadera y establecen asentamientos, abandonando la movilidad asociada al nomadismo, que desarrollaban los cazadores recolectores”.
En términos estéticos, el Gigante representa una figura antropomorfa, con elementos de ataviaje o atuendos, y donde los cetros representan la posición de jerarquía; junto a una cabeza irradiada.
“La figura del Gigante de Tarapacá es muy particular, porque no es solamente un cuerpo común estéticamente ajustado, sino también elongado. Por lo tanto, su cuerpo también refiere a los antiguos caminos ceremoniales. La orientación en el eje vertical del Gigante se articula, en cierto momento del año, con la salida de la luna. Entonces, puede estar asociado espacialmente a áreas de cultivo en una fecha similar; y también al control astronómico y la observación de los cielos para la producción agrícola. Es un Dios antiguo, cuya imagen ha permanecido en el tiempo”.
Sin embargo, para el arqueólogo, existen otras manifestaciones rupestres en las cercanías del Cerro Unita, que complementan este complejo arqueológico.
“Hacia el norte, hay un panel con una caravana de llamas con un pastor. Además de círculos y otras figuras. Hacia la pampa que circunda al Cerro Unita, hay otras figuras, como una llama, caminos ceremoniales, personajes que representan al gigante en menor tamaño. Es un complejo amplio, con unos 60 mil hectáreas”.
Comenta que en la década del 60, el reconocido antropólogo Horacio Larraín descubrió en el panel sur de la cima del Cerro Unita, un pequeño adoratorio incaico, que despliega un gran jaguar, unos caminos ceremoniales y un ave; y cuya data aproximada es de 500 a 600 años atrás.
“Si bien este sitio se asocia al desarrollo agrícola, también se vincula con las complejidades que demanda el quehacer espiritual, ceremonial relacionado muy internamente a la producción agrícola. El mundo prehispánico no divide su producción económica con el mundo espiritual, ambos están unidos”.
Afectación
Pese a la importancia del Cerro Unita como complejo arqueológico, para Pérez los trabajos realizados años atrás para proteger al Gigante, terminaron dañando el área, ya que la línea de base arqueológica fue deficiente, dejando fuera uno de los cerros del complejo, mientras que en los campamentos arqueológicos que fueron usados por quienes construyeron el Gigante, se instaló la empresa constructora que instaló los cercos y otras obras que hoy no sirven para proteger el sitio.
A juicio de Luis Pérez, también hay otros factores que inciden en la falta de protección de este sitio como del arte rupestre regional, como el ingreso indiscriminado de vehículos a las zonas de geoglifos, cuyo estado actual debe estar sobre un 50 por ciento en pérdida o afectación irreversible.
“La infraestructura actual no se acopló a los antiguos órdenes geográficos y a las importancias estratégicas que nos legaron esos pueblos; y que nos hablan de cómo hay que habitar el desierto. A ello se suma el tema educacional, donde es fundamental entregar conocimiento y conciencia sobre el patrimonio arqueológico de la región, ya que el que no conoce, no cuida”.
Al reflexionar sobre el arte rupestre regional, Luis Pérez señala que “la comprensión de Tarapacá es maravillosa. Desde mirar el mar, percibir este entorno desértico, su belleza natural. Nosotros no sólo vivimos en el desierto, permanecemos en él. Y eso es lo que va moldeando nuestras memorias. Las personas deben reconocerse como tarapaqueños, habitantes de este territorio, porque el habitar es lo que nos hace percibir el valor de esta región, que es sumamente valiosa”.
En medio del paisaje, el Gigante del Cerro Unita se impone con su mirada hacia el Pacífico. Pese a los años y su lejanía, este complejo sigue siendo un tesoro escondido bajo el silencio del desierto, cuya historia nos evoca al Dios Civilizador de Tarapacá.
La realización de este proyecto ha sido posible a través del financiamiento del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Ministerio Secretaría General de Gobierno y el Consejo Regional de Tarapacá.


