Cerro Isla, hito articulador del tránsito transdesértico

En el trayecto desde Iquique hacia la provincia del Tamarugal, el paisaje del desierto se transforma en un mudo testigo de uno de los tesoros de arte rupestre de la región.
Las planicies y cerros al costado de la carretera hacen invisible al ojo humano la posibilidad de dimensionar el patrimonio cultural, con expresiones rupestres que dan cuenta de la vida de grupos humanos que atravesaron el desierto; y cuya impronta yace en el denominado Cerro Isla.
Para Luis Pérez, arqueólogo y paleontólogo; y director del Museo Regional de Iquique, tal como su nombre lo indica, el Cerro Isla es un hito geográfico por excelencia.
“Cuando uno ingresa a esta gran abertura en la serranía de la cordillera costa, al pasar cruz de piedra o el área de Baquedano, ésta comienza a deprimirse y se abre un gran espacio abierto, donde se emplazan los bancos salitreros; y por ahí comienza a desplegarse una de las bandas principales del tráfico transdesértico desde tiempo prehispánicos. Conforme a los grupos humanos que se van desplegando por el desierto para llegar a la costa, en el área más dura -porque ahí no hay agua-; van a dejar su impronta en este cerro tan particular”.
Es así que en las laderas del cerro, y empleando una técnica de despeje de la tierra para crear un contraste; se avizoran diversos geoglifos como chamanes, caravaneros, flechas, llamas, animales faenados, rectángulos, trapezoides y otras iconografías, como cruces andinas o chacanas, que para los especialistas es un indicio de que estas expresiones pertenecen al periodo intermedio, cuya data se extiende desde el siglo I hasta el siglo XIV.
En opinión del arqueólogo, dichos elementos van a ser funcionales a las dinámicas sociales, políticas, territoriales y espirituales del momento, ya que el Cerro Isla es un agente articulador como tal, pero está cargado con estos elementos que tienen una funcionalidad en el contexto del tráfico transdesértico.
“La aproximación a los geoglifos o complejo arqueológico como éste es que articulan el tránsito transdesértico, indicando que esa es la ruta que se debe seguir. Había un conocimiento de los elementos del territorio, para plasmar ciertas figuras en los cerros. Por lo tanto, no fueron hechos de forma antojadiza”.
Al reflexionar sobre las expresiones monumentales del Cerro Isla, Pérez señala que “imagina a esa gente que no solamente grabó los cerros, sino que tuvo la preocupación de que esos grabados tuvieran una belleza, una estética, una perfección en términos geográficos… eso es impresionante. Alguien lo pensó y lo plasmó, no sólo lo dibujó. Es maravilloso, porque además dialoga con el entorno”.
Protección
Si bien hace unos años, el área fue limitada con cercos y letreros, según Luis Pérez, esta medida no protege el sitio arqueológico en su magnitud, ya que el cerco sólo está ubicado hacia la carretera y no en la parte posterior del cerro, donde actualmente aún circulan vehículos 4×4, generando un daño irreversible al sitio.
“Uno de los grandes problemas que sufrió este sitio es que fue elegido para implementar medidas de compensación, producto del daño al patrimonio arqueológico generado por la compañía minera Cerro Colorado en Mamiña. Para esos años, si bien existían amplios estudios sobre los geoglifos, se implementaron medidas de mitigación demasiado invasivas para borrar las huellas de vehículos. Por lo tanto, la técnica de restauración fue más destructiva respecto de los daños que existían. Una buena intención, pero con una implementación deficiente”.
A juicio del profesional, al asumir la protección de un sitio patrimonial, ello demanda un expediente exhaustivo para tomar la mejor decisión. Por lo mismo, para la protección de estos sitios se requiere un trabajo multifocal y multivocacional, una estrategia integrada que tiene que desplegar información y educación patrimonial en la población.
“En materia educacional, ese despliegue debe ir desde contenido en el aula hasta material que explique qué es un geoglifo, amenazas y riesgos. Además de orientar que la gran inversión pública integre la implementación de barreras viales, estructurales, carteles, áreas de servicios y hacer operativas las carreteras, junto con llegar a las comunidades para integrarlas y prepararlas respecto de la protección de los sitios”.
Para Pérez, la complejidad del vasto territorio de la región y la falta de infraestructura adecuada en los distintos caminos que existen a lo largo y ancho de éste, han contribuido a que muchos de los geoglifos sean dañados o destruidos.
“Todas las carreteras oficiales, que acceden de la costa al altiplano, no están provistas de infraestructura, a pesar de que cruzan toda la región y las áreas donde se despliega el acervo cultural de miles de años de ocupación humana. Entonces, hay carreteras que te acercan a los puntos y te permiten salir del camino e ir a través de la pampa hasta donde el vehículo llegue”.
Es por ello que, ante la falta de protección adecuada, para el arqueólogo es importante considerar que “el patrimonio de la región es nuestro reflejo; y sin ese patrimonio es nuestra identidad la que se pierde, nazcas o vivas en la región”.
Así, al alejarnos del Cerro Isla por la carretera, resulta admirable cómo la disposición y diseño de cada uno de los geoglifos relata una historia que, quizás, pocos entiendan; pero que sin duda nos habla del ingenio y creatividad de hombres y mujeres de otros tiempos, que supieron vencer la vastedad del desierto para crear un sistema de comunicación para orientar a las caravanas que atravesaron el territorio para llegar a la costa; con diversas expresiones de arte rupestre que siguen incólumes, como un tesoro escondido, a los pies de una carretera.
La realización de este proyecto ha sido posible a través del financiamiento del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Ministerio Secretaría General de Gobierno y el Consejo Regional de Tarapacá.

