Trazos urbanos

No me llames extranjero

Hace un tiempo atrás, un joven matrimonio y su pequeña hija, salieron de Caracas por la crisis política y social en Venezuela, producto de la falta de trabajo, comida, agua, electricidad…

Salieron buscando una mejor vida, una esperanza, una quimera.

Vivieron un año en Ecuador, luego en Perú.

De ahí, decidieron buscar nuevos rumbos. El destino: Chile, porque hay mayor regulación y protección en el trabajo, no como en otros países latinoamericanos.

Desde Perú se fueron a Desaguadero en la frontera con Bolivia, donde comenzó la odisea.

La Paz, luego Oruro y Pisiga Viejo en Colchane. El viaje no fue fácil.

Fueron días de frío, calor, hambre y donde los coyotes –muchos de ellos chilenos- les cobran entre 40 y 50 dólares por persona para bajarlos desde Colchane hasta un kilómetro antes de llegar a Huara.

En plena pampa y de noche, debieron caminar hacia un punto indicado por los coyotes, cerca de Huara, donde los recogían para traerlos a Iquique.

El único sueño del joven matrimonio era llegar a Antofagasta, junto a su pequeña niña, para reunirse con sus familiares. Sin embargo, la discriminación por su color de piel y por venir de Venezuela, les cerró las puertas en Iquique.

Lo último que supe fue que se irían caminando por la ruta costera hasta llegar a la capital de la Segunda Región. Espero que lo hayan logrado!

Esta historia me recuerda la canción interpretada por Rafael Amor, Facundo Cabral y Alberto Cortés.

“No me llames extranjero, porque haya nacido lejos,

O porque tenga otro nombre la tierra de donde vengo…

No me llames extranjero, que es una palabra triste,

Que es una palabra helada, huele a olvido y a destierro…

No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,

Mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo,

Y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero”.

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