Editorial

A 50 años del Golpe de Estado

Hoy, 11 de septiembre, hace medio siglo, un golpe de estado nos arrebató la democracia como país y sociedad.

Fue un día oscuro, cuyo manto de dolor, crudeza y odio nos cubrió por 17 años, con una dictadura que destruyó la vida de miles de familias, a quienes les arrebató a sus seres queridos, ya sea torturándolos, ejecutándolos o, lisa y llanamente, haciéndolos desaparecer.

Es por ello que a 50 años del golpe de estado, hecho reconocido internacionalmente, resulta paradójico que un sector político, como son los partidos de derecha, recurra al negacionismo de la pérdida de nuestra democracia, justificando el golpe de estado y relativizando los cruentos sucesos acontecidos durante la dictadura.

Desde esa perspectiva, es complejo avanzar en el camino para sanar esta gran herida que, por cinco décadas, ha violentado a nuestro país, más aún cuando después de medio siglo se han conocido documentos, historias y declaraciones que develan lo cruento de una maquinación para destruir el gobierno del ex Presidente Salvador Allende y, al mismo tiempo, exterminar el marxismo en Chile.

Por lo mismo, es imposible negar que durante y después del golpe militar hubo, de forma permanente y sistemática, violaciones a los Derechos Humanos, que son un baluarte esencial de los principios que rigen una democracia y que protegen la dignidad de las personas, lo que no ocurrió en 17 años de dictadura.

Hoy, a 50 años del golpe de estado, es necesario curar aquel dolor emocional y cerrar esa gran herida de despojo y sufrimiento.

El “Plan de Búsqueda” anunciado por el Presidente Gabriel Boric, y que está a cargo del Ministro de Justicia, Luis Cordero; representa una señal clara en miras a avanzar en verdad y justicia para miles de familias, que aún buscan a sus seres queridos, los detenidos desaparecidos de la dictadura.

Sin duda, este plan es una deuda tardía del Estado de Chile para las familias de quienes perdieron la vida; pero es un acto de perdón y nobleza para reparar aquel dolor eterno, perdón que también se espera de quienes continúan en el negacionismo y relativización de lo acontecido en aquel periodo oscuro de nuestra historia.

Sólo así podremos avanzar como país en la consolidación de nuestra memoria histórica y los principios que fundamentan nuestro Estado democrático, para que nunca más volvamos a repetir y vivir como sociedad, una dictadura que arrebató la vida de miles de chilenos y chilenas, porque la memoria de su recuerdo sólo descansará hasta que sean encontrados.

 

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