Un 8 de marzo: avances, retrocesos y nuevos desafíos
Dra. Marcela Tapia Ladino, Investigadora del Instituto de Estudios Internacionales INTE Universidad Arturo Prat

Cada 8 de marzo, somos miles las mujeres que nos dispones a marchar y movilizarnos para recordar que los derechos que hoy tenemos no fueron concesiones, sino conquistas fruto de décadas de lucha. El acceso al voto, la educación, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, la visibilización de la violencia de género y la equidad en el trabajo son sólo algunos de los logros alcanzados gracias al movimiento feminista. Sin embargo, en los últimos años, hemos visto con preocupación cómo emergen discursos y liderazgos que buscan frenar o incluso revertir estos avances.
Sin ir más lejos, figuras como las Javier Milei en Argentina y la de Donald Trump en EE.UU. han hecho de la misoginia parte de su identidad política, promoviendo ideas que ridiculizan la igualdad de género, desfinancian políticas públicas en favor de las mujeres y validan discursos que alimentan la violencia machista. Y en Chile la llegada de alcaldes de derecha que han cerrado Oficinas de la Mujer por considerarlas gastos superfluos, como en el municipio de Santiago. En paralelo, en redes sociales han surgido campañas agresivas de hombres que, sintiéndose amenazados por el avance de las mujeres, han promovido una narrativa de «contra revolución» antifeminista, disfrazando su rechazo a la equidad bajo el discurso de la «defensa de los derechos masculinos».
La historia nos ha enseñado que estos fenómenos no son casuales. Cada avance feminista ha generado resistencia, y lo que enfrentamos hoy es una reacción coordinada que busca reinstalar la subordinación de las mujeres como un supuesto «orden natural» bajo el nombre de “idelogía de género”. Lo preocupante es que estos discursos no sólo quedan en la esfera digital, sino que tienen consecuencias reales: se expresan en el debilitamiento de políticas de género, en la impunidad ante la violencia contra las mujeres y en la normalización de ideas que refuerzan las brechas de poder.
¿Cómo enfrentamos este escenario? Primero, debemos reforzar la pedagogía feminista, explicando que la igualdad de género no es una amenaza, sino un beneficio para toda la sociedad. Un mundo con más equidad para las mujeres es también un mundo con mejores condiciones de vida para las niñeces, los jóvenes y sociedad en su conjunto. Segundo, debemos disputar el espacio digital con narrativas que desmonten la desinformación y evidencien cómo los derechos conquistados no han empobrecido a nadie, sino que han hecho nuestras sociedades más democráticas y justas. Y tercero, debemos seguir construyendo alianzas amplias, sin caer en el juego de la polarización artificial que nos presentan como enemigas de los hombres o, entre nosotras mismas, cuando lo que realmente buscamos es un mundo libre de opresiones para todas y todos.
Este 8M, más que nunca, seguimos en pie y seguimos movilizándonos. Porque sabemos que la historia nos ha dado la razón, y que, pese a las resistencias, el futuro es feminista. Pero ese futuro no se construye solo: necesitamos que más hombres entiendan que la igualdad no es una amenaza, sino una oportunidad para una sociedad más justa y libre para todas y todos.