Trazos urbanos

Tamarugal, un Vino del Desierto

Una de las historias más fascinantes de este árido desierto en Tarapacá, es la producción de vino.

Como una reliquia arqueológica, la historia vitivinícola de la región data desde fines del Siglo XVI. Fue en las localidades de Pica y Matilla, en un oasis en pleno desierto, donde se llevó a cabo la producción de vino (350 mil litros), que abasteció a las salitreras y se exportó a Potosí en el Alto Perú.

Y prueba de esa historia es el “Lagar de Matilla”, reconocido Monumento Histórico Nacional de propiedad de la familia Medina, cuyas instalaciones, herramientas y cántaros de greda para el depósito y guarda, nos relata aquel arte de elaboración del vino, que se mantuvo hasta 1937.

Sin embargo, fue en el 2003 cuando académicos e investigadores de la Universidad Arturo Prat (Unap) comenzaron a desarrollar el proyecto “Vino del Desierto”, en la Estación Experimental de Canchones, ubicado en La Huayca.

Sin duda que esta aventura científica, que comenzó con la recolección de antiguas plantas de más de 100 años; permitió el 2004 crear un jardín de variedades, con el fin de analizar la fruta para determinar si era uva de mesa y, consecuentemente con ello, si correspondía a alguna variedad conocida.

Y los resultados fueron promisorios a nivel internacional, ya que tras la identificación de varios genotipos, como la cepa País, Gros Coldman, cuyo origen es de Georgia (exURSS), Ahmeur Bou Ahmeur de Argelia y el Torrontés Riojano de origen argentino; la cepa que quedó sin identificar, pese a haberla contrastado con más de 7.000 genotipos, los antecedentes fueron presentados al SAG para registrar una nueva variedad.

Así fue como en julio de 2016 se registra la cepa Tamarugal, pasando a constituirse en la primera cepa vinífera chilena; y donde Tarapacá ostenta el registro nº 1 de las cepas viníferas chilenas, siendo Tamarugal una cepa única y originaria de este territorio.

Es así que el proyecto impulsado por el equipo del Vino del Desierto, ha permitido crear tres variedades de vino de esta cepa, como son: Tamarugal Seco, Tamarugal Abocado y Tamarugal Dorado.

En todo predomina algo común: aromas de frutos y cítricos, como el limón y pomelo y otras frutas, con un toque de notas salinas y florales a veces, que demuestran la grandiosidad de la tierra del desierto.

A 20 años de esta idea, que luego se transformó en una odisea científica; la Región de Tarapacá puede sentirse orgullosa de contar con la cepa Tamarugal, un vino que con los años se ha hecho merecedor de la medalla de oro en diversos concursos y certámenes, junto con el reconocimiento del público amante del vino, ya que la cepa Tamarugal es el sello indeleble de la identidad, calidad y belleza del desierto de Tarapacá.

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